cuando soledad me deje

by Salvador Vidaurre

Esto que hacemos podrá ser divertido pero jamás será de verdad. No puede serlo porque lo dejaría de ser. Desde siempre lo prohibido ha sido interesante y lo seguirá siendo. Llamará la atención hasta que nosotros mismos lo dejemos de hacer ‘prohibido’. La verdad es que, o al menos así lo siento, a más lo hacemos menos interesante es. Sin embargo, me resulta curioso cómo antes aborrecía el hecho de perdonarte y olvidar lo que nosotros solos construimos, mientras tú disfrutabas del placer de tenernos a él y a mí bajo las mismas sábanas. Luego comprendí que, como todos, uno siempre tiene un destino y se enfoca en él en lugar de disfrutar del camino que a uno lo lleva hacia él. Ahora aprendí a hacer eso que tú haces y llamas “no querer”. Me doy cuenta que los papeles han sido intercambiados por un “Lo siento, pero no te quiero más” o un “Te deseo y eso es todo” o hasta un “Tengo ganas de ti, pero eso es todo y no siento nada más. Estoy bien así. Gracias” Yo y tú. Me pongo adelante, por qué siempre me he puesto detrás de ti. Yo y tú seguiremos siendo lo que siempre hemos sido y eso no va a cambiar, lo siento. Así que cuando se te ocurra, no esperes más de mí porque no lo vas a encontrar. Quiero hacerte entender algo que nunca dejó mi cabeza desde el día en que te conocí: somos almas gemelas que habitan en cuerpos extraños, viviendo en mundos distintos. No te detengas. Corre a él porque, al parecer, él siempre te dará lo que yo nunca podré: paciencia. Mientras tanto, yo estaré esperando a que regreses a mí por lo que él no te da: esa adrenalina que hace que tu piel se escarapele y los pelos de ella se ericen cada vez que te toco. Pero hazlo bien. Procura hacerlo con el balance perfecto porque en el momento en que él te de menos de lo que esperas, buscarás en mí lo que sólo él te puede dar, te darás cuenta que no es suficiente y ya será demasiado tarde. Aún recuerdo esas escenas que alguna vez vi y, según yo, pintaban una realidad de la que hoy creí: no existe. Pero si hay que ser honestos, sí existe y yo y tú somos parte de ella. Ella fue indiferente con él. El buscó en otra lo que en ella no encontró. —Nada nuevo, historia de todos los días. Pero esta vez es diferente.— Entonces otra era perfecta para él y todo aguantaba hasta que él decidió vivir lo mismo pero con ella. Y ella no quería otra cosa más que vivir. La diferencia es que hoy se invierten los papeles y él eres tú, ella soy yo, y otra es él. Y no tengo problema alguno. No tengo problema sentándome al lado tuyo, sino que lo tengo sentado al lado suyo mientras ponen en marcha ese acto llamado ‘quererse’ cuando ambos dudan de vosotros mismos. A mí me hiciste suficiente y a él también como para preocuparme por sonar egoísta pero aún cuando mi destino no eres más tú, el camino de verlos felices por siempre no es mi espectáculo favorito. Lo que te cuesta aceptar y entender es que no te gusta apostar cuando sabes que vas a perder. Lo que queremos que pase entre yo y tú o ella y él es algo platónico. Inexistente, que perdió su momento para ser. Solo me queda por decirte ‘gracias’. Y quizá no sea lo que me queda, pero gracias por recordarme que no fue ayer que nací. Crees que eres lo suficientemente discreta, pero ya yo antes he estado donde tú estás hoy y puedo predecir cada uno de tus movimientos. No te confundas. No estoy enojado. Más bien me alegro de saber que somos felices haciendo lo que nos contenta. La diferencia es que a mí Soledad me acompaña y tú ya tienes compañía. La pregunta es qué pasará contigo cuando Soledad me deje de acompañar.

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