el día uno del mes primero

Bajaron todos ya del auto y decidí quedarme dentro. Esta oscuridad me pide que escriba y es lo que hago. De mi maleta de transeúnte saco esa famosa libreta de notas de la que tanto alguna vez te hablé y por supuesto, no podía faltar, el carboncillo que siempre cargo conmigo a donde quiera que vaya. Entre ideas vagas, siendo el día uno del mes primero, se me ocurre escribir sobre algo bueno y compartirlo contigo o con quién sea que lea esto. Mi seguridad que si esto que escribo te traiga alguna clase de efecto positivo o no, es nula. Pero de algo sí estoy seguro: que si lo recibes bien y lo compartes, algo bueno al mundo hice hoy.

Si algo quedó aprendido en estos últimos trescientos sesenta y cinco días, es el hecho de “aprender.” Aprender a ver las cosas de manera diferente. Aprender a cargar siempre conmigo ese par de gafas que me permiten pintar de color ese cielo que, sobre mí, a veces torna gris.

Me cuesta procesar que siendo un tema tan simple, lo complicamos, y lo dejamos pasar por alto muchas veces, por no decir casi siempre. Más de una canción que también debes haber escuchado me recuerda siempre que la vida no es color rosa. Y sí, es cierto. Quizás no sea rosa. Pero eso no significa que no sea de color. De hecho, no es rosa por que no es de solamente un color. Es una analogía interesante porque creo que la vida no viene con color por defecto. Se me hace que la vida es como uno de esos libros que cuando muy pequeños coloreábamos. Nosotros escogíamos qué pintar y qué no. Así que, efectivamente, una gran parte del color que escojamos para ponerle vida a nuestro día dependerá de nosotros mismos. Una gran parte. La otra parte depende de los demás. En otras palabras, tenemos también el poder para pintar de color el día gris de otra persona.

Mi objetivo al escribir estas líneas hoy es, más que intentar persuadirte para convertirte en un artista de la vida, alentarte a descubir cuál es para tí eso que yo llamo gafas. Y es que la vida no es más que un conjunto de momentos. Momentos buenos y momentos malos. Y pueden ser todos buenos, si encontramos los malos como oportunidades para “aprender.” Eso es lo aprendido.