en este tren al sur

Nunca olvidaré cuando de niño te conté sobre mi nuevo mejor amigo. Él era mucho mayor que yo y tú preocupado me dijiste: yo soy tu mejor amigo. Puedo apostar todo el dinero con el que probablemente aún no cuento a que con los dedos pueden contarse los padres que le dicen eso a sus hijos. Hoy lo compruebo y podría libremente decir en este momento que la mayoría de mis mejores amigos de la primaria se esfumaron a una velocidad increíble. Duraban tan solo un par de años como máximo. Muchos de ellos siguen en contacto conmigo, pero no los veo hace bastante. En cambio tú siempre estás ahí. Estás ahí aún cuando después de un día largo de trabajo te invito a correr conmigo y aceptas. Aún cuando ya no corremos al mismo ritmo y me dices “yo te alcanzo, tu dale nomás” estás siempre a mi lado. Estás ahí aún cuando las cosas no salen como yo lo espero. Los años son los mejores maestros en la vida. Suena triste pero aún cuando ya no vayamos a ver esas películas de dibujos animados, o aún cuando tratemos y te quedes dormido, nos divertirémos como siempre. Reirémos juntos con las mismas estupideces con las que siempre lo hemos hecho. Que melancolía me da saber lo que puedes sentir en este monento al despedirte antes de partir. Al ver a mi sobrina crecer tanto y tan rápido sin ser padre creo sentir lo que tú. Debe ser difícil aceptar que tus hijos están tan grandes que en un abrir y cerrar de ojos esas palabras monosílabas que pronunciaban desaparecen y se convierten en conversaciones serias que se pueden mantener durante horas. Pero no todo es tristeza y melancolía, es también alegría y orgullo. Orgullo de ver en la madurez de tus hijos el producto de tus enseñanzas. El intercambio de sabiduría. La alegría de aún tener tiempo para disfrutar de actividades juntos como apreciar la naturaleza de un mundo que, si bien cae a pedazos, nos demuestra el poder de nuestro origen y nos recuerda aquellos viajes que cuando era más pequeño hacíamos escuchando a los beach boys o a los prisioneros cantando tren al sur mientras viajábamos de una ciudad a otra. Es mi anhelo viajar de nuevo por esas carreteras del norte persiguiendo aviones que aterrizarían delante de nuestro auto color rojo. Tantos buenos recuerdos que ahora a esta edad uno aprecia tanto y que en ese momento significaban solo vivir el momento. Pero todavía hay más. ¿Quién se atrevió a decir que esta aventura había terminado? Tenemos aún bastante por recorrer juntos. Solo no esperemos a que sea demasiado tarde porque el tiempo avanza y la edad aumenta y esos momentos que llamábamos oportunidades los dejamos ir sin razón alguna.