después de eso

by Salvador Vidaurre

Estoy sentado sobre la raíz del árbol número veintidós respirando del aire fresco que pasea sobre las facciones de mi rostro. Aprovecho de este tiempo de completa soledad para encontrarme conmigo mismo y la naturaleza que me vio crecer. Abro la libreta y empiezo a escribir. Justo después de redactar la primera línea de esta corta historia, el carboncillo se quiebra. No puedo escribir más que esa frase. Esa frase describe lo que siento. Describe esos momentos tan cortos que siempre vivimos y no entendemos el porqué. El porqué de nuestra forma de mirarnos, el porqué de nuestros dementes corazones, el porqué de nuestra falsa actuación días después de eso. Me cuesta entender como aún así nos hacemos llamar amigos. Porque eso, claro lo tenemos. Nos lo dijimos esa vez, después de eso. Pero me gusta ser tu amigo, me gusta lo que hacemos. Me gusta reirme junto a tu sonrisa. Me gusta decirte como te veo. Pero hoy te vi diferente. Te vi pensando, te vi evitanto mi mirada. Te vi mirando mientras yo no miraba. Te ruego, dime por favor qué sucede. Qué sucede cuando me miras, qué piensas, qué imaginas. Somos tan diferentes que cremos entender el porqué. Pero no sabemos si lo compartimos. A veces siento que quieres demostrarme una parte de ti que no conozco pero, de pronto, mi mente me muestra que lo que haces no es realidad. Solo quieres darme un mensaje. Y cuando estoy a punto de descifrarlo, pasa eso. Volvemos al inicio, a aquél día en que ya no hablamos y nos sentimos raros estando frente al otro. Sonriendo, sin pronunciar palabra. Después de eso.

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