la primera palabra

by Salvador Vidaurre

Hace unos días pensaba en qué escribirte en este correo sabiendo que recibes miles cada día y uno es más importante que el anterior. Pero dije porqué no escribir el mensaje que hace tanto tiempo te he querido enviar. En la semana vine conversando con una amiga sobre mi familia y de la razón por la que estoy ahora en donde me encuentro. Y mientras le contaba, me hizo una pregunta que más de un amigo me ha hecho:

Eres rico?

Y lo que vino a mi mente fue que nunca te agradecí oficialmente. Nunca te agradecí por ese apoyo incondicional y fuerzas que, junto con mi mamá, siempre me dan. Por las oportunidades que siempre me has intentado dar a pesar de las circunstancias. Por el esfuerzo que hiciste y haces cada día por siempre darnos lo mejor. Por los sacrificios que tuviste que hacer hace mucho tiempo para que nosotros tengamos goles y metas en esta vida. Gracias.

Gracias por hacerme reír siempre aún con la cosa más insignificante; de allí heredé el humor con el que hago sonreír a más de una persona cada día. Por las discusiones y algunos pleitos que hemos tenido, que de alguna manera me ayudaron a formar mi carácter y paciencia. Por no dejarme renunciar a mis sueños y por ayudarme a descubrirlos. Gracias.

Gracias por enseñarme a cuidar lo que es mío, y anhelar lo que quiero que sea. Por enseñarme las cualidades que, como padre, en algún momento tendré que cumplir. Por tu silencio. Silencio que muchas veces es provocado por tu distracción, pero muchas otras por que prefieres darle el paso a la sabiduría y no hacer comentarios. Gracias por enseñarme, con las experiencias que hemos vivido, a ser responsable; a cuidar el dinero y no malgastarlo así como a disfrutar de él como producto de la provisión de Dios; a ser independiente y a valerme por mí mismo; a hacer respetar mis creencias e ideologías como las de los demás; a confiar en mí mismo. Gracias.

Gracias por enseñarme que la familia es producto de Dios y que no hay nada capaz de separarla, solo nosotros mismos si lo permitimos. Gracias por todo pa. Gracias.

Gracias por las anécdotas que siempre me cuentas de tu pasado, que me ayudan a valorar muchísimo más la bendiciones con las que cuento. Gracias por siempre mostrarte fuerte ante nosotros, aún cuando te sientes débil o triste, sólo para que nos sintamos mejor. Gracias por esto. Por lo que tengo, por lo que he logrado y lo que conseguiré. Por los consejos que, aunque a veces un poco radicales y no los tomo en serio, terminan convirtiéndose en realidad. Gracias.

Es gracioso pensar que hace un tiempo me decían eres igualito a tu papá y yo lo negaba. Y puede que hayan algunas cosas que no compartamos del otro, pero es cierto: tú y yo somos idénticos y qué vamos a hacerle. Eres mi papá, la mayoría de cosas que sé, tú me las has enseñado. Y supongo los hijos son siempre parecidos cuando uno está siempre a su lado. Gracias por eso también. Gracias por estar siempre allí, aún cuando es difícil. Gracias por enseñarme a montar una bicicleta, a volar una cometa, a manejar, a vestirme. Cosas que muchos amigos no han tenido oportunidad de disfrutar con sus padres. Gracias por todo.

Los hijos son siempre la versión mejorada de los padres, y no porque sean mejores, sino que ustedes nos enseñan qué debemos hacer y qué no de acuerdo a sus experiencias. A no cometer los mismos errores. Y los nuestros serán una versión mejorada de nosotros mismos, porque todos tenemos oportunidad para crear nuestros propios errores. Gracias por enseñarme que a pesar de todo, lo más importante es ser feliz. Gracias por el amor y el cariño, la comprensión, la alegría. Por los abrazos, las palabras, los viajes, la  escuela, las lecciones. Gracias por todo. Gracias pa.

Y si aún quieres saber la respuesta que siempre doy a esa pregunta que me hacen: Sí, soy rico. Y en seguida cuento todo el porqué.

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