by Salvador Vidaurre

Sentir el olor de esa aventura podría hacerme experimentar la máxima satisfacción mientras intento recordar el olor de aquella crema que untabas en tu labios cortados por el frío de esa ciudad tan alta, mientras buscabas dentro de tu bolsa, esperando encontrar un par de monedas para intentar llamarme del público. Nunca fuiste fanática de los retratos, pero lo fuiste de la fotografía. Siempre decías que preferías disfrutar del paisaje que perder el momento para siempre. No llego al teléfono. No llego a contestar. Aquel recuerdo fue de once. Pero no logro recordar el aroma de esa crema, ni el tono de tu voz. Me asusta la idea de haberlos olvidado. Marcas de nuevo. Cuando contesto no hay sonido. Pero aún así tengo claro que ni ajenos somos a esos instantes que escribimos en esa calle cerca a la gasolinera. Todavía escucho canciones que me recuerdan tu silueta. Canciones solo con una voz en silencio. Nuevamente llamas. No estoy en casa. El sonido de cada instrumento confunde más mis sentidos. Me paralizo. Creo sentir tu perfume. Creo recordar algo. Oigo tu voz decir palabras cerca a mi oído. ¿Acaso eres tú?

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