esa frase de ocho letras

by Salvador Vidaurre

Estar a su lado fue probablemente la mejor decisión que la naturaleza pudo haber tomado. Ni yo lo hice. Fueron momentos que siempre recuerdo. Quizás no siempre, pero cuando lo hago, sé claramente que no es más que eso. Un recuerdo. A veces mi corazón tiene conversaciones con la mente. Habla de lo interesante que era reírse con él de ella. Y cuando ríen, mis ojos escuchan sus risas. Se ponen blancos, pero porque miran hacia atrás. Hacia el pasado. Lapso de tiempo corto; mi mente no se lo permite. Y si se lo permite, sufren tanto que solos regresan a su lugar. Corazón y mente son conocidos; ojos, extraños. Como el primer día antes de las medias lunas, en el que él le envió un café mientras leía el segundo verso de la canción favorita de su mejor amigo. Ella desapareció y la bebida intacta quedó sobre la mesa del centro de la estación. Fría, amarga. Desde ese momento él supo que no eran más conocidos, sino extraños a punto de escribir una nueva historia. Historia que no querrían volver a compartir. Si alguna vez alguien la dijo, ella fue.

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