Sonríe mientras escribe

Las mejores aventuras no tienen final

Month: May, 2013

Sentir el olor de esa aventura podría hacerme experimentar la máxima satisfacción mientras intento recordar el olor de aquella crema que untabas en tu labios cortados por el frío de esa ciudad tan alta, mientras buscabas dentro de tu bolsa, esperando encontrar un par de monedas para intentar llamarme del público. Nunca fuiste fanática de los retratos, pero lo fuiste de la fotografía. Siempre decías que preferías disfrutar del paisaje que perder el momento para siempre. No llego al teléfono. No llego a contestar. Aquel recuerdo fue de once. Pero no logro recordar el aroma de esa crema, ni el tono de tu voz. Me asusta la idea de haberlos olvidado. Marcas de nuevo. Cuando contesto no hay sonido. Pero aún así tengo claro que ni ajenos somos a esos instantes que escribimos en esa calle cerca a la gasolinera. Todavía escucho canciones que me recuerdan tu silueta. Canciones solo con una voz en silencio. Nuevamente llamas. No estoy en casa. El sonido de cada instrumento confunde más mis sentidos. Me paralizo. Creo sentir tu perfume. Creo recordar algo. Oigo tu voz decir palabras cerca a mi oído. ¿Acaso eres tú?

cambió

Sin pensarlo. Sin dudarlo un segundo. Si valió la pena, solo él sabe. Pero cambió para no conformarse. Para no vivir en un mundo de sueños. Para no soñar con un mundo sin vida. La brújula señalaba al lado contrario. Entonces, por qué sucedió. Cómo las cuerdas se agotan. Se cansan, se maltratan. Lo mejor no es esperar a que se rompan mientras cantan, sino cambiarlas para que ese momento nunca llegue. Aún nuevas, fue siempre inoportuna. Llegó en el instante del remplazo, lo que hizo que su entrada triunfal sea en patines. Ella no consiguió nada; mas bien resbaló. El lo consiguió todo, o al menos es lo que él cree. Se da media vuelta y camina en dirección diagonal, cruzando la tercera calle más ancha de la ciudad donde lo esperan sus tres amigos y ella. No ella; la de la fotografía. Sí, su mejor amiga. Pero son sólo amigos o al menos eso es lo que dicen. Al llegar a casa suena el teléfono. “Hola?” – era ella. Pero no su voz, su respiración. El sonido de su aliento. Cuelga. Él está seguro. Pero ya lo hizo y no hay vuelta atrás. Cambió. Como cuerdas de guitarra lo hizo.

aroma a verano

Te siento cerca. Mi piel erizada entiende. Cada vez te aproximas más a mi alma. Te siento venir. Saliva recorre mi garganta porque recuerdo. Fue hace mucho tiempo. Es difuso, pero siento tu aroma. La cortadora corre sobre el jardín trasero del apartamento. Y aún así, las gotas de lluvia inundan las avenidas de esta ciudad adoptiva. Las limpian. Mientras tanto me encuentro inmerso en responsabilidades ajenas bajo esta tormenta. Cubierto por un paragüas muy similar al que mi abuelo le prestó a su hermano el día de San Telmo en la Plaza Mejía. Es lo suficientemente grande como para evitar que tres personas sean empapadas por la lluvia. Bajo el mío solo somos dos: Soledad y yo. Son las tres de la tarde. Llegamos veintiún minutos antes a su fiesta. Fuerte tormenta, pero siento su aroma. Su aroma a verano.

esa frase de ocho letras

Estar a su lado fue probablemente la mejor decisión que la naturaleza pudo haber tomado. Ni yo lo hice. Fueron momentos que siempre recuerdo. Quizás no siempre, pero cuando lo hago, sé claramente que no es más que eso. Un recuerdo. A veces mi corazón tiene conversaciones con la mente. Habla de lo interesante que era reírse con él de ella. Y cuando ríen, mis ojos escuchan sus risas. Se ponen blancos, pero porque miran hacia atrás. Hacia el pasado. Lapso de tiempo corto; mi mente no se lo permite. Y si se lo permite, sufren tanto que solos regresan a su lugar. Corazón y mente son conocidos; ojos, extraños. Como el primer día antes de las medias lunas, en el que él le envió un café mientras leía el segundo verso de la canción favorita de su mejor amigo. Ella desapareció y la bebida intacta quedó sobre la mesa del centro de la estación. Fría, amarga. Desde ese momento él supo que no eran más conocidos, sino extraños a punto de escribir una nueva historia. Historia que no querrían volver a compartir. Si alguna vez alguien la dijo, ella fue.