Sonríe mientras escribe

Las mejores aventuras no tienen final

cuando soledad me deje

Esto que hacemos podrá ser divertido pero jamás será de verdad. No puede serlo porque lo dejaría de ser. Desde siempre lo prohibido ha sido interesante y lo seguirá siendo. Llamará la atención hasta que nosotros mismos lo dejemos de hacer ‘prohibido’. La verdad es que, o al menos así lo siento, a más lo hacemos menos interesante es. Sin embargo, me resulta curioso cómo antes aborrecía el hecho de perdonarte y olvidar lo que nosotros solos construimos, mientras tú disfrutabas del placer de tenernos a él y a mí bajo las mismas sábanas. Luego comprendí que, como todos, uno siempre tiene un destino y se enfoca en él en lugar de disfrutar del camino que a uno lo lleva hacia él. Ahora aprendí a hacer eso que tú haces y llamas “no querer”. Me doy cuenta que los papeles han sido intercambiados por un “Lo siento, pero no te quiero más” o un “Te deseo y eso es todo” o hasta un “Tengo ganas de ti, pero eso es todo y no siento nada más. Estoy bien así. Gracias” Yo y tú. Me pongo adelante, por qué siempre me he puesto detrás de ti. Yo y tú seguiremos siendo lo que siempre hemos sido y eso no va a cambiar, lo siento. Así que cuando se te ocurra, no esperes más de mí porque no lo vas a encontrar. Quiero hacerte entender algo que nunca dejó mi cabeza desde el día en que te conocí: somos almas gemelas que habitan en cuerpos extraños, viviendo en mundos distintos. No te detengas. Corre a él porque, al parecer, él siempre te dará lo que yo nunca podré: paciencia. Mientras tanto, yo estaré esperando a que regreses a mí por lo que él no te da: esa adrenalina que hace que tu piel se escarapele y los pelos de ella se ericen cada vez que te toco. Pero hazlo bien. Procura hacerlo con el balance perfecto porque en el momento en que él te de menos de lo que esperas, buscarás en mí lo que sólo él te puede dar, te darás cuenta que no es suficiente y ya será demasiado tarde. Aún recuerdo esas escenas que alguna vez vi y, según yo, pintaban una realidad de la que hoy creí: no existe. Pero si hay que ser honestos, sí existe y yo y tú somos parte de ella. Ella fue indiferente con él. El buscó en otra lo que en ella no encontró. —Nada nuevo, historia de todos los días. Pero esta vez es diferente.— Entonces otra era perfecta para él y todo aguantaba hasta que él decidió vivir lo mismo pero con ella. Y ella no quería otra cosa más que vivir. La diferencia es que hoy se invierten los papeles y él eres tú, ella soy yo, y otra es él. Y no tengo problema alguno. No tengo problema sentándome al lado tuyo, sino que lo tengo sentado al lado suyo mientras ponen en marcha ese acto llamado ‘quererse’ cuando ambos dudan de vosotros mismos. A mí me hiciste suficiente y a él también como para preocuparme por sonar egoísta pero aún cuando mi destino no eres más tú, el camino de verlos felices por siempre no es mi espectáculo favorito. Lo que te cuesta aceptar y entender es que no te gusta apostar cuando sabes que vas a perder. Lo que queremos que pase entre yo y tú o ella y él es algo platónico. Inexistente, que perdió su momento para ser. Solo me queda por decirte ‘gracias’. Y quizá no sea lo que me queda, pero gracias por recordarme que no fue ayer que nací. Crees que eres lo suficientemente discreta, pero ya yo antes he estado donde tú estás hoy y puedo predecir cada uno de tus movimientos. No te confundas. No estoy enojado. Más bien me alegro de saber que somos felices haciendo lo que nos contenta. La diferencia es que a mí Soledad me acompaña y tú ya tienes compañía. La pregunta es qué pasará contigo cuando Soledad me deje de acompañar.

y yo aquí

Dos años después no encuentro mejor manera de encontrarte, que en uno de mis lugares favoritos de la ciudad. Entre ruidosas conversaciones, decido darte una oportunidad y escribir contigo una nueva historia. Ya había olvidado lo bien que me hacías sentir. Se me hace imposible dejar de pensar en aquellas memorias que compartimos, pero que solo yo recuerdo. Una gota de óleo color óxido cae sobre la servilleta de papel que tengo bajo la mano, en la que escribiste tu nombre junto a un peculiar corazón dibujado. Se parece a los corazones que dibujaba mi madre cuando yo tenía sólo ocho. Ella los llamaba corazones coquetos, casi como los que a veces creo que me mandas. Nos reencontramos para disfrutar, pero ya no disfruto. Ya no disfruto sabiendo que esos corazones me sorprenden por no saber qué pensar. Yo aprendí a ser lo que tú merecías aún cuando no estaba convencido si fueses tú quien, de la mano, me acompañaría en este viaje que duró tres temporadas y que el reloj continúa midiendo. Yo aprendí a consolarte, aún cuando sigo sin entender cómo actuar cuando veo a gente llorar. Por tí aprendí a volver a dibujar. Por tí decidí alejarme del cariño, para guardarlo solo para tí. No sé si sea tarde, nunca lo sé y tal vez nunca lo sepa. Siento que ya no somos capaces de darnos cuenta de lo que hay delante de nuestros ojos. Y yo aquí, fingiendo. Fingiendo ser tu amigo. Controlando mis ganas de besarte. Aún cuando las luces se apagan y no hay testigos de nuestros sentimientos. Dejo de escribir y escucho la conversación de un par de amigos ajenos a mi izquierda hablando de contratos y parejas, de casas y dinero. Del futuro. Al frente mío otros dos. No hablan. Distraídos en sus móviles, tratando de conectarse a un mundo que en realidad tienen delante de ellos, del cual se desconectan cada día más. Me detengo y pienso: Quizá esos seamos nosotros.

el aire que respiro

Camino solo por la sola noche respirando aire con aroma a soledad. Por unas horas decido no pronunciar palabra alguna, conectarme a la estación perfecta y caminar por la ciudad que aunque oscura, tiene cada punto de luz en el lugar correcto. Me pregunto cómo llega uno a un lugar que no es casa pero se convierte en ella. Me pregunto si los caminos que tomamos son los que debemos. Me pregunto qué sería caminar el mismo circuito contigo. Me pregunto qué sentiría mi corazón al tomar tu mano. Me pregunto cuán lejos estás. Tengo todas la a esas preguntas menos la última, pero quiero engañar a mi mente para creer que este es un nuevo momento no vivido. Por lo pronto disfruto de la vista. Desde este puente, disfruto del espectáculo de la luna golpeando las nubes y proyectándose en las ondas inconstantes del lago. Mientras lo hago, pensamientos vacíos a mi mente vuelven. Cómo terminé aquí. Terminé aquí porque vienes conmigo. Cuando te vea y sepa que eres tú, volveré al mismo lugar en una media noche como esta y te leeré lo que ahora escribo. En el momento en que intentes decir algo dejaré que mis deseos reposen sobre tus labios y te diré: cualquier lugar en donde estés conmigo lo llamaré casa. Y el aire que en ella respiro tiene aroma a ti.

 

el día uno del mes primero

Bajaron todos ya del auto y decidí quedarme dentro. Esta oscuridad me pide que escriba y es lo que hago. De mi maleta de transeúnte saco esa famosa libreta de notas de la que tanto alguna vez te hablé y por supuesto, no podía faltar, el carboncillo que siempre cargo conmigo a donde quiera que vaya. Entre ideas vagas, siendo el día uno del mes primero, se me ocurre escribir sobre algo bueno y compartirlo contigo o con quién sea que lea esto. Mi seguridad que si esto que escribo te traiga alguna clase de efecto positivo o no, es nula. Pero de algo sí estoy seguro: que si lo recibes bien y lo compartes, algo bueno al mundo hice hoy.

Si algo quedó aprendido en estos últimos trescientos sesenta y cinco días, es el hecho de “aprender.” Aprender a ver las cosas de manera diferente. Aprender a cargar siempre conmigo ese par de gafas que me permiten pintar de color ese cielo que, sobre mí, a veces torna gris.

Me cuesta procesar que siendo un tema tan simple, lo complicamos, y lo dejamos pasar por alto muchas veces, por no decir casi siempre. Más de una canción que también debes haber escuchado me recuerda siempre que la vida no es color rosa. Y sí, es cierto. Quizás no sea rosa. Pero eso no significa que no sea de color. De hecho, no es rosa por que no es de solamente un color. Es una analogía interesante porque creo que la vida no viene con color por defecto. Se me hace que la vida es como uno de esos libros que cuando muy pequeños coloreábamos. Nosotros escogíamos qué pintar y qué no. Así que, efectivamente, una gran parte del color que escojamos para ponerle vida a nuestro día dependerá de nosotros mismos. Una gran parte. La otra parte depende de los demás. En otras palabras, tenemos también el poder para pintar de color el día gris de otra persona.

Mi objetivo al escribir estas líneas hoy es, más que intentar persuadirte para convertirte en un artista de la vida, alentarte a descubir cuál es para tí eso que yo llamo gafas. Y es que la vida no es más que un conjunto de momentos. Momentos buenos y momentos malos. Y pueden ser todos buenos, si encontramos los malos como oportunidades para “aprender.” Eso es lo aprendido.

autor anónimo

El autor anónimo, sabe exactamente lo que escribe pero no lo revela completamente para dejar que la interpretación de sus escritos se convierta en el protagonista de la expresión impresa en esa máscara. Podría considerarse un cobarde, pero un cobarde escondido tras una máscara de palabras escritas en el infinito próximo. Incapaz de mostrarle al mundo cómo es en realidad. Tras esa máscara, oculta sus más profundos sentimientos y los escribe convertidos en frases vagas, difíciles de interpretar. Al mismo tiempo, escondiendo su rostro, no teme traducir a esas vagas frases los latidos de uno de sus músculos más importantes: los latidos de su corazón. Un músculo que considera un vaso con contenido que desaparece a lo largo del tiempo. Un vaso que difícilmente puede ser llenado pero de manera muy fácil resbalar y quebrarse con cualquier desilución. Como muchos otros autores anónimos, tiene desiluciones olvidadas que lo visitan cuando menos se lo espera y pasean por su mente cuando cree haber encontrado el tesoro perdido. Como una vela que no para de moverse y al viento no obedece. Como una piedra lanzada en dirección horizontal sobre la superficie de un lago, que no sabe cuántos ni cuan altos serán sus saltos antes de finalmente hundirse en la profundidad oscura y desconocida.

cómo

En un momento de locura decidiste olvidarte de todas las cosas buenas que alguna vez compartimos. Ahora trato de hacer lo mismo para no sentir tristeza pero en mi intento de olvidarlas, recuerdo. Recuerdo verte sonreír de nada. Esos instantes en los que nuestras risas eran causadas por nuestros planes inconsistentes. Cuando aún no pasaba por nuestras mentes despedirnos. Recuerdo pasar horas contigo sin necesidad de pronunciar palabra alguna. El sólo hecho de tenerte al lado mío hacía que me sienta armado sabiendo que estabas ahí para escuchar cualquier comentario sin sentido que mi mente decidía expresar. Trato de perseguirte pero cada vez aumentas la velocidad y te dejas desvanecer en el tiempo. Anhelo entender lo que sucede pero solo eres tu quién lo puede explicar. No hay tiempo. Esa fecha se acerca muy rápido y las oportunidades para disfrutar de nuestra presencia se hacen mínimas. Quiero volver a encontrarte en esos escondites que alguna vez creí que solo los dos conocíamos, pero ahora fueron descubiertos. Cuéntaselo. Cuéntale a la vida de la razón, para que intente juntarnos de nuevo y si es posible me explique lo sucedido porque mis neuronas se cansaron de pensar cómo fue.

en este tren al sur

Nunca olvidaré cuando de niño te conté sobre mi nuevo mejor amigo. Él era mucho mayor que yo y tú preocupado me dijiste: yo soy tu mejor amigo. Puedo apostar todo el dinero con el que probablemente aún no cuento a que con los dedos pueden contarse los padres que le dicen eso a sus hijos. Hoy lo compruebo y podría libremente decir en este momento que la mayoría de mis mejores amigos de la primaria se esfumaron a una velocidad increíble. Duraban tan solo un par de años como máximo. Muchos de ellos siguen en contacto conmigo, pero no los veo hace bastante. En cambio tú siempre estás ahí. Estás ahí aún cuando después de un día largo de trabajo te invito a correr conmigo y aceptas. Aún cuando ya no corremos al mismo ritmo y me dices “yo te alcanzo, tu dale nomás” estás siempre a mi lado. Estás ahí aún cuando las cosas no salen como yo lo espero. Los años son los mejores maestros en la vida. Suena triste pero aún cuando ya no vayamos a ver esas películas de dibujos animados, o aún cuando tratemos y te quedes dormido, nos divertirémos como siempre. Reirémos juntos con las mismas estupideces con las que siempre lo hemos hecho. Que melancolía me da saber lo que puedes sentir en este monento al despedirte antes de partir. Al ver a mi sobrina crecer tanto y tan rápido sin ser padre creo sentir lo que tú. Debe ser difícil aceptar que tus hijos están tan grandes que en un abrir y cerrar de ojos esas palabras monosílabas que pronunciaban desaparecen y se convierten en conversaciones serias que se pueden mantener durante horas. Pero no todo es tristeza y melancolía, es también alegría y orgullo. Orgullo de ver en la madurez de tus hijos el producto de tus enseñanzas. El intercambio de sabiduría. La alegría de aún tener tiempo para disfrutar de actividades juntos como apreciar la naturaleza de un mundo que, si bien cae a pedazos, nos demuestra el poder de nuestro origen y nos recuerda aquellos viajes que cuando era más pequeño hacíamos escuchando a los beach boys o a los prisioneros cantando tren al sur mientras viajábamos de una ciudad a otra. Es mi anhelo viajar de nuevo por esas carreteras del norte persiguiendo aviones que aterrizarían delante de nuestro auto color rojo. Tantos buenos recuerdos que ahora a esta edad uno aprecia tanto y que en ese momento significaban solo vivir el momento. Pero todavía hay más. ¿Quién se atrevió a decir que esta aventura había terminado? Tenemos aún bastante por recorrer juntos. Solo no esperemos a que sea demasiado tarde porque el tiempo avanza y la edad aumenta y esos momentos que llamábamos oportunidades los dejamos ir sin razón alguna.

la historia se repite

Primero a tercero: Todo tomó forma y me dejó ver cómo todo encaja cuando veo a cada uno llegar y despedirse después de un corto tiempo. La vida siempre intentó enseñarme a que no me aferre a lo que quiero. Es como una cadena de decepciones de la que no me puedo librar.
Cuarto y quinto: Estaba en lo cierto aquel que alguna vez dijo que uno solo conserva lo que no amarra. Pero ese es el mayor de mis defectos. Ahora recuerdo ese instante en el que, siendo individuos completamente extraños, decidimos dar el paso y confiarnos las cosas más ocultas de nuestras formas de ser envueltas en tantas mentiras incompletas.
De sexto a sétimo: Diría el tiempo tan temido por mí ha llegado, pero aun no es un hecho. De cuántos mejores amigos me he despedido. Eres una amistad más para este álbum de calcomanías. Pero en tu sección, que podría ser considerada una de las más cortas, cuentas con la colección más amplia de recuerdos escritos en la historia de mi vida.
Octavo y noveno: Ahora la entiendo a ella cuando te llamaba hermana. Entiendo que eres capaz de persuadir a una persona al punto que no quiere aceptar el hecho de la distancia y el tiempo. Lo único que quiero decirte que así como hermanos, Dios nos dio la oportunidad para disfrutar de posiblemente una de las estaciones más divertidas del año. Lo escribo para marcar huella en este desierto de arena en el que empieza una nueva etapa. Solo pido prometamos querernos siempre como los más que amigos que somos. Prometamos perdurar en la memoria del otro para siempre. Estémos donde estemos, nos encontraremos a diez números de distancia. Ahora quizás me tenga que despedir de ti. Pero gracias.

detente. escríbelo

Es a lo que llamo dejarse llevar por esos pensamientos que te rescatan de la agonía a la que te transporta el día a día. A la forma de sobrellevar ese sufrimiento que alguna vez embargó tu mente y tu corazón. Déjalo salir y muéstrale al mundo la autenticidad de tus palabras. Nubla las mentes de esas personas escépticas que no permiten que tus ideologías inunden las balsas de sus pensamientos. Por qué andar por un camino de preocupación representado por individuos hipócritas que te hacen pensar en cosas que ni les importan, sabiendo que tienes deseos, sueños, metas que trazar, en lugar de derrochar cada segundo que la vida te regala para decir quién eres tú y quién serás. Detente y escríbelo porque mañana lo olvidarás y todo lo que vino a tu mente desaparecerá en menos de lo que canta el alma y respira el corazón de esa persona a la que dijiste adiós. La vida nos otorga momentos de inspiración para dejar escrita con pluma indeleble en el libro de nuestra existencia a aquella antigua persona que nos acompañó cada minuto hasta el día que nuestros espíritus decidieron irse de fiesta para dejar a los sentimientos a solas, para encontrarse.

en mi memoria

En mi memoria está tu mirada. Esa forma de mirar con la que me decías quédate un instante más. En mi memoria están esas palabras que pronunciabas y esos abrazos que me dabas antes de separnos. Nunca imaginé que sería tan doloroso verte de nuevo con esa camiseta que usaste la primera vez que nos conocimos. Probablemente tú no lo recuerdes, pero yo recuerdo cada detalle. Sé que no hice bien, pero ¿acaso fue tan difícil darle chance al arrepentimiento? Intenté, pero aun así el precio de tu orgullo fue mayor que el valor de mis te quieros. Aun así, siempre estuve a tu alrededor y no tienes ni idea. Aún cuando te resistías a verme, yo tomaba el camino más largo a mi casa solo para poder verte a través de tu ventana. Solo para poder demostrarte lo mucho que te quiero te pedí una tercera oportunidad. Pero una vez más tu orgullo valió más que todo esos momentos hermosos que pasamos al lado del otro. Qué dolor solitario el que me hiciste sentir por más de tres años. Como cuando una llaga que se forma dentro de una boca mientras masticas un chicle, y muerdes sobre esa misma llaga. Me hubiese gustado decir ya no más, pero lo único que esa frase traía a mi memoria era esa canción que entona los ritmos de tu teleserie favorita. Y eso, a mi memoria traía los momentos en los que intentaba ser aún más auténtico que los artistas a los que me comparabas. A esos amores imposibles, falsos, actuados que tanto querías. Pero no eran realidad. Yo cambié mucho de mi forma de actuar, a tu lado. Decidí cambiar mi edad para tenerte más cerca. Pero aún así no te diste cuenta. En mi memoria está aquél papel en el que escribí mi futuro y tú estabas en él. Ahora ese papel está perdido, como página rota de un libro que solo dice la verdad. Libro en el que los dos escribimos momentos felices. Triste, pero en mi memoria también está ese libro en llamas y tú al frente de él, renunciando a todos esas frases y recuerdos. Olvidando muchas de esas promesas que alguna vez nos hicimos. Aún así fuiste muy especial, te lo digo ahora. En mi memoria quedarás para siempre, aún cuando no me permitas ver esos ojos que transforman su color de verdes a azules de acuerdo a tu estado de humor, con los que me regalabas esa mirada que me ponía nervioso cada vez que estaba junto a ti.